Cuando Iguanodon desayunaba astronautas y jovencitas cavernícolas

 

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Portada de la entrega n√ļmero 86 (enero de 1961) de ‚ÄúPiel de Lobo‚ÄĚ, creado por Juan Antonio de Laiglesia y Manuel Gago. Se trata de ‚Äúaventuras prehist√≥ricas‚ÄĚ, con frecuente aparici√≥n de elementos mitol√≥gicos y surrealistas.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

El encuentro inicial de Gideon A. Mantell, ‚Äúpadre‚ÄĚ de Iguanodon, con los primeros restos f√≥siles de este dinosaurio ha sido reiteradamente descrito como un hallazgo de su mujer, Mary Ann. En un d√≠a de primavera de 1822 Gideon y su esposa atend√≠an una urgencia m√©dica. Mientras √©l estaba con el paciente, Mary descubri√≥ un f√≥sil singular depositado con fragmentos de roca caliza utilizados para reparar la carretera. El f√≥sil, un extra√Īo diente dotado de un brillante esmalte marr√≥n, proced√≠a de una cantera cerca de Cuckfield (Sussex, Reino Unido). A pesar de que Mantell reconoce este relato, uno de sus m√°s reputados bi√≥grafos recientes, Dennis R. Dean, duda de su veracidad. El bi√≥grafo piensa que este diente fue proporcionado por uno de los obreros de la cantera. La historia es dif√≠cil de comprobar. De hecho, no hay ninguna referencia en el diario de Mantell a este importante momento de su vida (a pesar de contener cuidadosas anotaciones, como el precio de las sanguijuelas medicinales, a una libra los 200 ejemplares).

Sea como fuere, Mantell comenz√≥, fascinado, a estudiar este desconocido tipo de dientes, de los que pose√≠a ya varios ejemplares. El √°pice de las coronas presentaba a menudo una faceta de desgaste, propia de un animal que masticaba vegetales. Su gran tama√Īo indicaba que podr√≠an compararse a los incisivos de un ‚Äúpaquidermo‚ÄĚ. Sin embargo, la edad mesozoica de los f√≥siles imped√≠a tal identificaci√≥n. En definitiva, se trataba de un gran vertebrado terrestre. No pod√≠a ser un mam√≠fero. Ten√≠a que ser un enorme reptil capaz de masticar plantas. Este concepto era desconocido y desconcertante para la √©poca. Mantell pidi√≥ opini√≥n a otros colegas, no obteniendo una respuesta satisfactoria.

En junio de 1823 su amigo Charles Lyell aprovech√≥ un viaje a Par√≠s para ense√Īarle uno de estos enigm√°ticos dientes a Cuvier. La respuesta del fundador de la paleontolog√≠a de vertebrados fue tambi√©n decepcionante para Mantell: se trataba, probablemente, del incisivo de un rinoceronte. Finalmente, un a√Īo m√°s tarde, y habiendo estudiado toda una serie dental, Cuvier remiti√≥ una carta a Mantell. Veamos las conclusiones que escribi√≥ el gran naturalista desde Par√≠s: ‚Äú¬ŅNo se tratar√≠a de un nuevo animal, un reptil herb√≠voro? De igual forma que en los mam√≠feros terrestres modernos las especies de mayor tama√Īo son herb√≠voras, ¬Ņno podr√≠a ser tambi√©n as√≠ en los reptiles pret√©ritos, los √ļnicos animales terrestres de la √©poca, en los que los mayores se nutriesen de vegetales? El tiempo confirmar√° o rechazar√° esta idea. Si se encontraran dientes en su mand√≠bula original, el problema podr√≠a ser resuelto‚ÄĚ.

Las palabras de Cuvier son de gran interés y reflejan perfectamente el método científico que la paleontología ha tratado de seguir desde entonces. Cualquier hipótesis tiene que ser verificada contra la información proporcionada por el registro fósil, en el conocido, o en el que descubramos en el futuro.

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‚ÄúThe Iron Teacher‚ÄĚ es un robot justiciero brit√°nico que comenz√≥ sus aventuras en 1941. Aqu√≠ le vemos a punto de enfrentarse a lo que posiblemente sea un Iguanodon oweniano superviviente en una remota selva.

De manera que desde 1824 tenemos una hip√≥tesis bien contrastada sobre la dieta de Iguanodon, un eficaz consumidor de plantas. Pero claro, el mundo de la ficci√≥n es ‚Äúotro cantar‚ÄĚ. Hay que tener en cuenta que las primeras reconstrucciones de este dinosaurio ten√≠an un aspecto que para determinadas personas pod√≠a ser inquietante. Por un lado, la reconstrucci√≥n oweniana (de Richard Owen), un terrible cuadr√ļpedo dotado de un cuerno nasal.

Posteriormente la de Dollo, en la que el cuerno nasal hab√≠a pasado a ser un formidable espol√≥n en el primer dedo de la mano. No parece muy extra√Īo entonces que muchas de las apariciones de Iguanodon en el mundo del c√≥mic lo representen como un terrible depredador. En el c√≥mic espa√Īol Piel de Lobo (1959-1961) un Iguanodon, que parece bastante “fumao”, se entusiasma ante la vana perspectiva de desayunarse una tierna jovencita.

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Portada de ‚ÄúTerror Tales‚ÄĚ (septiembre 1971). Como puede observarse es un Iguanodon dolliano extraterrestre, al que se le ha a√Īadido una evidente dentici√≥n carn√≠vora.

Referencia
Sanz, J. L. (2007). Cazadores de dragones. Historia del descubrimiento e investigación de los dinosaurios. Editorial Ariel. 420 págs.

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