Archivo por meses: Diciembre 2015

La hipótesis del Bufón de Corte

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Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

Siempre me he preguntado cuál sería la forma más eficaz de dar visibilidad a la ciencia en una sociedad determinada. Una de las herramientas usadas para este fin podría llamarse el procedimiento de “mamá, mira lo que hago”. Me explico. Imaginad una situación relativamente común. Dos madres amigas sacan a sus retoños a dar un paseo por el parque una preciosa tarde de primavera. Una de ellas tiene un bebé de pocos meses que transporta en un carrito. La otra es madre de un revoltoso chaval de 6 años, y durante unos minutos, mantiene un apasionante diálogo con su amiga, ambas sentadas en un banco. El niño de 6 años corretea a su alrededor sin conseguir la atención de su madre. Finalmente se estira, se pone de puntillas en frente de ella y le dice: ¡Mamá, mira lo que hago!

Creo que poner nombres más o menos estrambóticos o populares a las hipótesis científicas intenta de alguna forma llamar la atención de una sociedad que normalmente no presta gran atención a la actividad de los científicos. Estas denominaciones que tratan de sorprender a la opinión pública parece que son cultivadas especialmente dentro de la biología evolutiva y concretamente en el estudio de los modelos y procesos de extinción. Como muestra pueden citarse tres: la hipótesis de la Reina Roja, la del Bufón de Corte y la del asesinato en el Orient Express.

De estas tres, la del Bufón de Corte es la referida a las grandes extinciones en masa. Por ejemplo la que supuso la desaparición de los dinosaurios no avianos hace 66 millones de años, al final de los tiempos cretácicos. La hipótesis del Bufón de Corte explica las extinciones en masa por causas físicas de naturaleza global. En el caso de la crisis biótica finicretácica dichas causas físicas, o procesos explicativos, son básicamente tres: la hipótesis de impacto de un gran objeto extraterrestre, grandes erupciones volcánicas y descenso de los niveles de agua en mares y océanos.

Estas tres propuestas han sido muy discutidas, “compitiendo” entre ellas para explicar las causas de la gran extinción. Se creía hasta ahora que los tres procesos eran independientes. Recientemente se ha publicado una novedad relevante. Parece muy probable que el impacto meteorítico reactivó la tasa de emisión de lava. Se calcula que un 70% de la masa basáltica emitida se produjo por energía sísmica inducida por el impacto. Los procesos de recuperación de la biota comenzaron cuando las emisiones volcánicas recobraron su intensidad normal.

De manera que el Bufón de Corte sigue vivo y con novedades. El nombre procede de la creencia de que los bufones mantenían sus mismas gracietas y chistes durante la vida del poderoso al que entretenían. Si el poderoso era otro (intrigas de corte, guerra, revueltas, etc), el bufón tenía que cambiar forzosamente su repertorio. Del mismo modo, las extinciones en masa han cambiado radicalmente las condiciones planetarias globales, modificando profundamente las características de la biota establecida después de la crisis. Secciones enteras de la materia viva desaparecen para siempre. Sí…incluso nuestros admirados y preciosos tiranosaurios.

Referencias:
Renne, P. R.et al. (2015). State shift in Deccan volcanism at the Cretaceous-Paleogene boundary, possibly induced by impact. Science, 350 (6256):76-78.
Richards, M.A.et al. (2015). Triggering of the largest Deccan eruptions by the Chicxulub impact. The Geological Society of America, 127(11-12):1507.

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Morelladon, el dinosaurio español que se salvo del ladrillo

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Reconstrucción del aspecto en vida de Morelladon beltrani (Carlos de Miguel Chaves).

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED. @frco_ortega.

Las arcillas rojas de Morella son una referencia constante en la historia de la dinosauriología española. De ellas procecen algunos de los fósiles reconocidos como los primeros dinosaurios de España. El interés por esos sedimentos, depositados en un delta hace poco más de 125 millones de años, creció cuando José Royo Gómez identificó allí a principios del s. XX las primeras faunas con dinosaurios en la península ibérica, y se inflamó de nuevo en la década de 1980, al cobrar los dinosaurios ibéricos su merecido protagonismo. Desde entonces, la actividad paleontológica en Morella ha sido especialmente intensa, tanto en el número de hallazgos como en el incremento del conocimiento sobre sus dinosaurios.

Sorprendentemente, una parte de esta actividad ha venido impulsada por la conocida “burbuja inmobiliaria” (resulta que tenía algo bueno). Las arcillas rojas de Morella son materia prima de primera calidad para la fabricación de ladrillos y cerámica, y el incremento de la demanda vino asociado a un espectacular aumento de la actividad extractiva. Los controles paleontológicos –realizados para buscar restos de interés entre la arcilla que iba quedando al descubierto– detectaron tal candidad de ellos, que ya hay que considerarlas también como aunténticas “minas de fósiles”. En estos momentos se conocen en Morella más de un centenar de puntos de interés fosilífero con dinosaurios y varios miles de restos de plantas y animales, entre los que destacan también cocodrilos, tortugas, plesiosaurios y peces.

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Parte del grupo de trabajo durante la excavación en la cantera de la que procede Morelladon.

Este conjunto de restos nos da una idea más que razonable sobre las faunas que habitaron el Maestrazgo hace 125 millones de años. Su estudio nos traslada a un paisaje costero, probablemente un delta, en un clima subtropical con alternancia de fases secas y húmedas. La parte más alta de la pirámide estaría dominada seguramente por dinosaurios espinosaurios (formas semejantes a Baryonyx , pero sería muy evidente la presencia de grupos de herbívoros, tanto grandes saurópodos, como manadas de distintos tipos de ornitópodos. Probablemente estos últimos fuesen los más abundantes y, entre ellos, el registro de Morella es especialmente rico en un dinosaurio emblemático del registro europeo: Iguanodon.

La composición de faunas de dinosaurios de Morella nos refiere a una de las faunas mejor conocidas de Europa, las encontradas en un conjunto de estratos de suelo conocido como “Greater Wealden”, que corresponden al Cretácico Inferior de Inglaterra y Europa continental. En este sentido, se habla de un “Wealden” ibérico en Morella y otras localidades, cuyos fósiles han mantenido siempre una estrecha semejanza con los hallados en localidades de Bélgica, Inglaterra, Francia y Alemania.

Hasta ahora. Un conjunto de restos detectados por el control paleontológico de la mina Vega del Moll ha roto la semejanza. Indican que en la zona sur del “Greater Wealden” existió un dinosaurio aún no detectado en el norte. La nueva especie se describe hoy en PLOS ONE, se ha bautizado como Morelladon beltrani en honor a su origen y, por supuesto, se ha librado de formar parte de la nueva remesa de ladrillos.

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Vertebras dorsales de Morelladon beltrani mostrando las espinas neurales hipertrofiadas.

El material recuperado está compuesto por parte de las regiones dorsal y sacra de la columna vertebral, la región de la pelvis y parte de la extremidad posterior, todas ellas de un único individuo.

El nuevo dinosaurio es un ornitópodo estiracosterno (lo que comúnmente reconoceríamos como un iguanodontoideo) y de tamaño medio (unos seis metros de longitud). Su característica más destacable es la presencia de espinas neurales muy altas en las vértebras dorsales, que podrían sustentar una especie de «vela» sobre el lomo del animal. Entre las posibles funciones del tal “dispositivo” podría estar ayudar a regular la temperatura del cuerpo, o almacenar grasas (a modo de joroba), para soportar los periodos de escasez de alimento. En cualquier caso y, dado que este animal probablemente vivía en grupos, también podría tener un papel destacado en la comunicación con otros miembros de la manada.

Quizás, como ocurre actualmente con la presencia simultánea de varios grupos de herbívoros en las sabanas africanas, el hallazgo de Morelladon beltrani en los mismos niveles en los que ya se conocía la presencia de Iguanodon y Mantellisaurus, muestra un interesante incremento de la diversidad de ornitópodos de tamaño medio en el paisaje del sur de Europa hace 125 millones de años.

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