Cuenca, un referente en el estudio de la vida en el Cretácico continental

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Reconstrucción en vida de Spinolestes, por Oscar Sanisidro.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

A estas alturas supongo que nadie duda de la capacidad de los yacimientos de Las Hoyas y Lo Hueco para proporcionar información relevante sobre la historia de la vida en los ambientes continentales del Cretácico. Durante los últimos meses las publicaciones sobre ambos yacimientos  han sido numerosas y relevantes. El pasado mes de septiembre  la prensa internacional recogió ampliamente la sorpresa del hallazgo en Las Hoyas de la angiosperma (plantas con flores) más antigua que se conoce. Su nombre es Montsechia, un elemento dominante de las praderas subacuáticas del humedal Las Hoyas, en donde vivía una amplia diversidad de otras plantas y animales. Los habitantes más famosos de Las Hoyas son dinosaurios no avianos y aves.

Un estudio reciente de Pepito (Concavenator) nos revela que los pies escamosos de las aves actuales ya existían en los dinosaurios de hace 125 millones de años. Las Hoyas continúa proporcionando información relevante sobre partes no esqueléticas de dinosaurios. De esta forma, se ha podido estudiar recientemente la estructura del ala de un ave, representada no solamente por sus huesos, sino también su piel (ala dérmica o patagio), músculos y plumas. Todo se conserva como si fuera de anteayer. La información proporcionada por este fósil confirma hipótesis anteriores sobre la gran capacidad de vuelo de las aves de Las Hoyas.
Pero no solo Las Hoyas ha proporcionado recientemente información relevante en el estudio de la vida en el Cretácico. En el yacimiento de Lo Hueco se han encontrado miles de huesos de dinosaurios cuyo estudio está aportando valiosos conocimientos sobre los saurópos titanosaurios. Incluso sobre algunos aspectos poco estudiados, como es el caso de su anatomía cerebral. Gracias a las modernas técnicas de Paleontología virtual en 3D sabemos que uno de los titanosaurios de Lo Hueco tenía una organización paleoneurológica relativamente simple, si consideramos que los titanosaurios son saurópodos derivados de gran éxito evolutivo. Recientemente se ha publicado un estudio parecido del neurocáneo, cerebro y oído interno, de otro titanosaurio de Lo Hueco. La caja craneana de este dinosaurio es una de las más completas del Cretácico Superior europeo.

El último estudio que vamos a comentar acaba de publicarse en la revista Nature.  Se trata de un fósil que mejora considerablemente nuestro conocimiento sobre cómo eran y cómo vivían determinados mamíferos primitivos del Cretácico Inferior. El animal, denominado Spinolestes, vivía en el humedal de Las Hoyas. Pertenece a los eutriconodontos, un linaje extinto del grupo corona de los mamíferos que vivió durante el Jurásico y el Cretácico. Se le calcula un tamaño de entre 52 a 72 gramos, semejante al de un didélfido actual, el colicorto patirrojo, una zarigüeya sudamericana.

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a) Holotipo de Spinolestes, Cretácico Inferior, Las Hoyas, Cuenca (contraplaca); “Pinna” = oreja. b) Detalle de una región de pelo denso en el cuello; AT, atlas. c) pelo y escamas dérmicas de queratina (SC) en una zona de la piel situada entre las vértebras dorsales 11ª a 14ª.d) Detalle de los folículos pilosos.

Uno de los aspectos más importantes del fósil de Spinolestes es su extraordinario estado de preservación. El ejemplar cuenta con un esqueleto completo articulado, pero además, elementos como piel, pelo, escamas de queratina y evidencias de algunos órganos viscerales como pulmones e hígado. Incluso preserva la orejilla izquierda. Determinados restos tegumentarios fósiles de mamíferos mesozoicos se conocen desde el Jurásico, pero siempre aparecen como impresiones o compresiones, lo que hace muy difícil obtener una información adecuada de su estructura. La evidencia de restos tegumentarios en Spinolestes está fosfatizada, lo que explica su magnífica preservación. De manera que el eutriconodonto conquense permite, por primera vez, reconocer detalles sobre diversos caracteres de la piel, en un mamífero, más allá del periodo terciario.

Spinolestes tenía una buena mata de pelo en el cuello, que se extendía a las regiones parietales y escapulares. También existían pelos finos y relativamente largos a lo largo de la línea dorsal, formando una cresta mediana que llegaba a la región caudal. La compleja diversidad de caracteres tegumentarios de Spinolestes es comparable a la que aparece en otros linajes del grupo corona de los mamíferos, aunque se trata de una evolución convergente, independiente.
Dentro de la caja torácica se pueden ver restos de los pulmones y también del hígado, separados por una zona interpretada como un diafragma muscular, en una disposición muy semejante a la de los mamíferos actuales, lo que indica un complejo aparato respiratorio. Determinados caracteres del esqueleto apendicular sugieren que Spinolestes no era una forma arborícola, como otros mamíferos mesozoicos estudiados en el registro fósil. Se trata probablemente de un animal terrestre con habilidades cavadoras potenciales. Sus hábitos podrían ser comparados con los de la musaraña acorazada actual, Scutisorex somereni.

Un último apunte para los dinomaníacos. Spinolestes es un pariente cercano, más pequeño,  del género Repenomamus. Hace unos años, la especie Repenomamus robustus (Cretácico Inferior, China) fue entronizada por el universo dinomaníaco como el primer mamífero conocido que comía dinosaurios.

 

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