Archivo por meses: junio 2015

(In)Dominus vobiscum

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Indominus rex, el monstruo gigante no-dinosaurio de Jurassic World (2015)

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

AVISO: CONTIENE SPOILERS

En las películas clásicas de dinosaurios como The Beast of 20.000 Fathoms (El monstruo de tiempos remotos, 1953), Gojira (Japón bajo el terror del  monstruo, 1954) o The Giant Behemoth (1959), los dinosaurios son tales porque los paleontólogos de la película dicen que lo son. Su aspecto, normalmente, no se corresponde con ningún dinosaurio conocido. De manera que, en realidad, son animales monstruosos que surgen del pasado remoto por algún proceso “natural” o por daños colaterales de algún experimento científico (como bombas atómicas). De todas formas, no existe un acto de voluntad de creación del monstruo (es decir, no tienen nada que ver con el mito de Frankenstein). En definitiva en estas viejas (y magníficas) películas los supuestos dinosaurios son representaciones de la violencia animal encarnada en un monstruo gigante.

Se dice que en las primeras reuniones de pre- producción de Parque jurásico (1993) el “Señor” Spielberg (Dominus vobiscum) exigió a sus colaboradores que los dinosaurios de su película deberían ser animales reales, no monstruos, como en los títulos clásicos. De esta manera  el tándem Crichton-Spielberg desarrolló una película que básicamente supone un compromiso con la Dinosaur Renaissance, el paradigma paleobiológico todavía vigente en el estudio de los dinosaurios. La reciente Jurassic World (2015) parecería romper con este planteamiento de la saga original, volviendo, en su criatura más emblemática (Indominus rex), al mito del monstruo. La justificación de tal planteamiento es divertida, ya que juega con un guiño al espectador. En el parque creen que los dinosaurios por sí solos ya no atraen a la gente, necesitan “algo más”. Esta propuesta de la ficción se extiende a la propia película y se dirige a la gente sentada en la sala de cine y a la que tiene que comprar su entrada.

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Los “velocirraptores” y su macho alfa al rescate de la dignidad de los dinosaurios.

Así, en Jurassic World el síndrome de Frankenstein aparece con mucha fuerza. La ingeniería genética ya no está el servicio de la reconstrucción de la vida en el pasado, sino que es una exigencia comercial del dueño del parque, que quiere el dinosaurio más grande, más feroz y más guay de todos los tiempos. Para ello se mezclan genomas que incluyen incluso una sepia y un toquecito de Concavenator. El resultado final no es un dinosaurio, sino un monstruo en el sentido más literal de la palabra, que mata por el placer de matar. Parecería que este planteamiento es una “traición” al espíritu de Parque Jurásico. Pero la película tiene un recurso final para volver a poner las cosas en su sitio, dentro de una magnífica batalla final entre los dinosaurios e Indominus. El triunfo de los primeros puede ser entendido como una alegoría que rechaza la interpretación clásica de los dinosaurios como monstruos. La naturaleza sigue siendo la única protagonista de Parque jurásico.

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“Juratic” Fukui Prefectural Dino-World

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La chiquillería de la ciudad japonesa de Fukui entusiasmada frente a sus dinosaurios locales.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

El Museo de Dinosaurios de la Prefectura de Fukui (MDPF) fue inaugurado el 14 de julio de 2.000. En la actualidad es uno de los museos más visitados de Japón, con una afluencia de unas 700.000 personas al año. Y por supuesto, es uno de los museos de dinosaurios más grandes del mundo. El origen de tan exitosa institución hay que situarlo a finales de los años 1980 y comienzos de los 90, en excavaciones financiadas por el gobierno de la Prefectura de Fukui que consiguieron hallar un gran yacimiento de dinosaurios cerca de la localidad de Katsuyama. Los restos fósiles proceden de la Formación Kitadani, de edad Barremiense (Cretácico Inferior).

Las estrellas principales del MDPF son Fukuiraptor, un carcarodontosaurio de unos 4 m de longitud, Fukuisaurus, un ornitópodo algo mayor, y el saurópodo titanosauriforme Fukuititan. Al sagaz lector no se le habrá escapado que los tres nombres genéricos comienzan por el mismo topónimo: Fukui. ¿Por qué? En mi opinión se trata de un fenómeno recurrente, que tiene una posible  explicación. Se trata de intentar fundar lo más rápido posible una marca de dinosaurios, que persigue varios objetivos. Uno de los más importantes es la aceptación y reconocimiento de dicha marca por los ciudadanos del entorno y, por tanto, de la “autoridad competente”.  El gobierno de la Prefectura de Fukui apostó decididamente por su patrimonio dinosauriano desde hace 15 años, aunque, desde mi punto de vista, había descuidado algo más la integración del museo y sus actividades dentro de la opinión pública ciudadana.

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El personajillo verde sentado es “Rapto”, basado (?) en el carcarodontosaurio Fukuiraptor.

Recientemente ha reactivado este objetivo. Los visitantes de Fukui que lleguen por tren a la ciudad quedarán sorprendidos por un gran diorama de animatrónicos situado en frente de la estación de ferrocarril. El autor de estas líneas puede dar fe del entusiasmo de la chiquillería local ante sus admirados dinosaurios fukuieros (perdón por el gentilicio inventado). La iniciativa general del gobierno de Fukui se incluye dentro de la marca “Juratic” cuya imagen visual se basa en los tres géneros de la Formación Kitadai antes comentados. El personajillo “Rapto”, que tan mal suena en español, representa a Fukuiraptor, claro. ¿Para cuándo una promoción semejante para Pepito y sus amigos?

 

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Cartel promocional de la marca “Juratic”.

 

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