Desfosilizadores, saquen este dinosaurio de mi huerto

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El Sr. Francisco, azada en mano, con su descubrimiento ya al descubierto.

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED. @frco_ortega.

Sí, me acabo de inventar la palabra, pero la acción de “desfosilizar” es común en lugares que, como España, tienen un patrimonio paleontológico regulado. Cuando se halla un fósil de interés en el transcurso de alguna actividad humana, se ponen en marcha los mecanismos para que un grupo de paleontólogos excave los restos con todas las garantías, y que la actividad pueda continuar. Muchas obras públicas o iniciativas privadas han necesitado que las “desfosilizaran”: las obras de la M-30 de Madrid, la instalación del AVE en Cuenca o la ampliación del vertedero de Can Mata en Els Hostalets de Pierola en Barcelona son ejemplos recientes.

La legislación española regula esta situación como una práctica obligatoria tanto si el hallazgo se produce antes de iniciar la actividad en una zona sensible, como si tiene lugar durante su desarrollo. Pero ¿qué ocurre cuando la ley no te obliga? Entonces sólo tu sensibilidad y tu conciencia cívica te indican lo que tienes que hacer.

Y por eso quiero hablar hoy del Sr. Fernando Francisco, un vecino de la aldea de Junqueira, en Santiago de Litém (Pombal). El Sr. Francisco se hallaba arando el huerto de su cuñada cuando algo se enganchó en la vertedera de su arado. No era una piedra. De hecho, parecía un gran fragmento de hueso petrificado. Tras reconocerlo como tal, revisó el campo de alrededor y descubrió muchos otros fragmentos semejantes, lo que le hizo darse cuenta de que su arado llevaba años arrancando pedacitos de hueso de la tierra.

Podía haberlo dejado así, pero el Sr. Fernando es un tipo curioso y probablemente no se le escapaba que en el yacimiento de Andrés, en otra aldea de Santiago de Litém, se encontraron a finales de los 90 los primeros restos del dinosaurio terópodo Allosaurus fuera de Norteamérica. Por eso, y aunque nada le obligaba a ello, consiguió que nos llamaran para pedirnos que le “desfosilizáramos” (más exactamente desdinosaurizáramos) el huerto. Y exactamente a eso nos hemos dedicado la última semana: a la “paleontología en mi jardín”, como habría cantado allá por los 80 Un pingüino en mi ascensor.

 

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De momento, sabemos que ese primer hueso grande con que se topó el Sr. Fernando formó parte de la escápula de una gran dinosaurio saurópodo. En cuanto retiramos la tierra de cultivo, las vértebras del animal aparecieron, también fragmentadas, bajo la línea del arado. A pesar de llevar allí instalado más de 140 millones de años, la verdad es que el pobre bicho no se ha resistido a la extracción. Incluso parece que los dueños del terreno y la administración local están encantados de la expectación ocasionada por el nuevo vecino. Pero el más entusiasta continúa siendo el propio Sr. Fernando. Convencido del interés colectivo de ese material, no ceja en su colaboración, a pesar de que, a medida que la excavación avanza, los hallazgos se aproximan más y más a su explotación ganadera (menos de una docena de ovejas). “Si continúa debajo del cobertizo de las ovejas, lo cambiamos de sitio” nos dice. No será necesario… pero es una actitud poco común.

El estudio de los restos de este animal probablemente nos lleve a considerarlo una forma cercana a los saurópodos gigantes que poblaban Teruel en esos mismos momentos (los célebres Turiasaurus). Y eso resultaría relevante, porque, aunque los gigantes turolenses empiezan a ser comunes en el registro portugués, prácticamente todos se concentran en la zona de Lourinha-Torres Vedras y conocemos muy poco de la fauna de saurópodos de la parte norte de la Cuenca Lusitánica, en la zona de Pombal.

Pero ya llegará ese momento, por ahora prefiero dedicar la entrada de hoy al tipo que creyó que lo que acababa de encontrar en el huerto era interesante para su comunidad y no cejó hasta estar seguro de que quedaba a disposición de todos.

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