Archivo por meses: Mayo 2015

Desfosilizadores, saquen este dinosaurio de mi huerto

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El Sr. Francisco, azada en mano, con su descubrimiento ya al descubierto.

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED. @frco_ortega.

Sí, me acabo de inventar la palabra, pero la acción de “desfosilizar” es común en lugares que, como España, tienen un patrimonio paleontológico regulado. Cuando se halla un fósil de interés en el transcurso de alguna actividad humana, se ponen en marcha los mecanismos para que un grupo de paleontólogos excave los restos con todas las garantías, y que la actividad pueda continuar. Muchas obras públicas o iniciativas privadas han necesitado que las “desfosilizaran”: las obras de la M-30 de Madrid, la instalación del AVE en Cuenca o la ampliación del vertedero de Can Mata en Els Hostalets de Pierola en Barcelona son ejemplos recientes.

La legislación española regula esta situación como una práctica obligatoria tanto si el hallazgo se produce antes de iniciar la actividad en una zona sensible, como si tiene lugar durante su desarrollo. Pero ¿qué ocurre cuando la ley no te obliga? Entonces sólo tu sensibilidad y tu conciencia cívica te indican lo que tienes que hacer.

Y por eso quiero hablar hoy del Sr. Fernando Francisco, un vecino de la aldea de Junqueira, en Santiago de Litém (Pombal). El Sr. Francisco se hallaba arando el huerto de su cuñada cuando algo se enganchó en la vertedera de su arado. No era una piedra. De hecho, parecía un gran fragmento de hueso petrificado. Tras reconocerlo como tal, revisó el campo de alrededor y descubrió muchos otros fragmentos semejantes, lo que le hizo darse cuenta de que su arado llevaba años arrancando pedacitos de hueso de la tierra.

Podía haberlo dejado así, pero el Sr. Fernando es un tipo curioso y probablemente no se le escapaba que en el yacimiento de Andrés, en otra aldea de Santiago de Litém, se encontraron a finales de los 90 los primeros restos del dinosaurio terópodo Allosaurus fuera de Norteamérica. Por eso, y aunque nada le obligaba a ello, consiguió que nos llamaran para pedirnos que le “desfosilizáramos” (más exactamente desdinosaurizáramos) el huerto. Y exactamente a eso nos hemos dedicado la última semana: a la “paleontología en mi jardín”, como habría cantado allá por los 80 Un pingüino en mi ascensor.

 

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De momento, sabemos que ese primer hueso grande con que se topó el Sr. Fernando formó parte de la escápula de una gran dinosaurio saurópodo. En cuanto retiramos la tierra de cultivo, las vértebras del animal aparecieron, también fragmentadas, bajo la línea del arado. A pesar de llevar allí instalado más de 140 millones de años, la verdad es que el pobre bicho no se ha resistido a la extracción. Incluso parece que los dueños del terreno y la administración local están encantados de la expectación ocasionada por el nuevo vecino. Pero el más entusiasta continúa siendo el propio Sr. Fernando. Convencido del interés colectivo de ese material, no ceja en su colaboración, a pesar de que, a medida que la excavación avanza, los hallazgos se aproximan más y más a su explotación ganadera (menos de una docena de ovejas). “Si continúa debajo del cobertizo de las ovejas, lo cambiamos de sitio” nos dice. No será necesario… pero es una actitud poco común.

El estudio de los restos de este animal probablemente nos lleve a considerarlo una forma cercana a los saurópodos gigantes que poblaban Teruel en esos mismos momentos (los célebres Turiasaurus). Y eso resultaría relevante, porque, aunque los gigantes turolenses empiezan a ser comunes en el registro portugués, prácticamente todos se concentran en la zona de Lourinha-Torres Vedras y conocemos muy poco de la fauna de saurópodos de la parte norte de la Cuenca Lusitánica, en la zona de Pombal.

Pero ya llegará ese momento, por ahora prefiero dedicar la entrada de hoy al tipo que creyó que lo que acababa de encontrar en el huerto era interesante para su comunidad y no cejó hasta estar seguro de que quedaba a disposición de todos.

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El mismo dinosaurio, pero con cuernos y alas ominosas

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Maqueta de “Velociraptor” y “dragón” derivado (realizadas por Javier Pérez Valdenebro).

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

Hace doce años Francisco Ortega y el autor de este post  propusimos al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid la realización de una exposición titulada Mitología de los dinosaurios. Esta exposición pudo visitarse desde el  19 de diciembre de 2003 al 15 de mayo de 2005. Posteriormente se abrió en el Museo de Ciencias Naturales de la Ciudadela (Barcelona). La exposición trataba de mostrar la forma en la que la imagen dinosauriana se instala en la cultura popular, produciendo un icono cultural característico.

Una de las ideas más sugestivas de Mitología de los dinosaurios es una reflexión sobre las posibles relaciones entre dinosaurios y dragones. Se sugería que, en realidad, los dragones y los dinosaurios pueden considerarse objetos socioculturalmente comparables. Los dragones constituyen claramente un arquetipo. De manera que la propuesta es que cuando una persona del siglo XXI ve a un dinosaurio, una “lucecita” se enciende en su cerebro y su imagen puede ser asociada a la de un dragón. Partiendo de esta  premisa tratamos de modificar una maqueta de un dinosaurio para “derivarla” en un dragón. Se trataba de establecer cuáles serían las modificaciones morfológicas mínimas para conseguir tal resultado.

La conclusión más probable es que, realmente, no se necesitan modificaciones sustanciales. Desde luego, si a un modelo clásico de “Velociraptor” (versión Parque Jurásico) se le añaden cuernos y alas membranosas, el resultado es óptimo. Este trabajo fue realizado por Javier Pérez Valdenebro, biólogo, maquetista, artista y soriano que, lamentablemente, tuvo que dejar su talento modelístico (que yo sepa).

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Detalle de la cabeza del “dragón” derivado (realizada por Javier Pérez Valdenebro).

Puede comprenderse que los dinosaurios-dragones típicos son los grandes terópodos. A medida que sabemos que muchos (quizás todos, o al menos los más derivados) tenían plumas o “protoplumas”, esta asociación arquetípica dragones-dinosaurios se desvanece. Porque claro, los dragones son, por definición, los grandes campeones de la escama,  mientras cada día parece más evidente que los dinosaurios “cambiaron” muchas de sus escamas por plumas (“cambiar” indica aquí la aparición de una novedad evolutiva –independiente de las escamas, aunque también tegumentaria– que son las plumas).

 

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Dinosaurios feroces

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Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

WBDinosaurios feroces1A lo largo de una vida de entrevistas periodísticas, normalmente relacionadas con los dinosaurios, han existido determinadas preguntas que siempre me han llamado la atención. Algunas simplemente repetitivas como, por ejemplo, el famoso asunto de la extinción de los dinosaurios. En otras ocasiones, estas preguntas sorprendentes proceden de épocas remotas del periodismo científico, probablemente de la primera prensa amarillista que empezó a utilizar a los dinosaurios como personajes del sensacionalismo más desbordado. Esta desmesura tenía varios aspectos. El primero y más evidente era el “asombroso” tamaño de los dinosaurios. Otra parte importante del amarillismo dentro de los dinosaurios se podría resumir en una pregunta habitual en el contexto de una entrevista: !¿Hasta qué punto eran feroces los dinosaurios?” Frente a esta cuestión lo que yo hacía normalmente era responder con otra pregunta: “Y… ¿qué entiende usted por ferocidad?”. La respuesta habitual era: “Pues no sé…como la de un tigre o un león”.

 
WBDinosaurios feroces3La contestación solía ser siempre más o menos la misma: la agresividad de un dinosaurio es imposible de determinar, de momento. Por supuesto, comentaba además el caso extraordinario de los “fighting dinosaurs”. Pero más allá de esta “foto” del Cretácico Superior de Mongolia, no tenemos muchas más evidencias de la ferocidad dinosauriana. Y finalmente, solía añadir: “De todas formas, es de suponer que los dinosaurios carnívoros fuesen más agresivos que los dinosaurios fitófagos”.
Pues bien, una parte significativa de la interpretación de los dinosaurios herbívoros en el cómic o en los cromos de colección para niños (especialmente algunos norteamericanos) utiliza apacibles fitófagos como agresivos depredadores.

Por favor, no los mires mucho si eres sensible.

 

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