Archivo por meses: Marzo 2015

Un paleoartista austro-húngaro entre los indios sioux

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Reconstrucción de Brachiosaurus en su medio natural realizada por Burian en 194

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

El paleoarte es una actividad importante y significativa en los mundos interdepedientes de la paleontología de dinosaurios y la dinomanía.  Normalmente se identifica su nacimiento moderno con el genio de Charles R. Knight (1874-1953), quien dibujó las primeras reconstrucciones de dinosaurios con una amplísima difusión internacional, tanto en la paleontología, como en museos, e incluso el cómic y el cine. En una etapa posterior, uno de los paleoartistas más influyente es Zdeněk Michael František Burian, nacido en el imperio austro-húngaro en 1905. Entre las décadas de 1940 y 1960 fue uno de los dibujantes de dinosaurios  –y otras bestias prehistóricas– de mayor fama internacional, especialmente en Europa. En 1941 Burian creó una de sus principales reconstrucciones de dinosaurios, un grupo de Brachiosaurus caminando sobre el lecho de un lago con el agua al cuello, tal y como sugerían las hipótesis paleoecológicas de los saurópodos en la época. Esta reconstrucción ha sido una de las imágenes de dinosaurios más difundida y más inspiradora para otros artistas.

En realidad, la obra de Burian ha sido copiada una y otra vez, especialmente en el dominio del cómic. Uno de los ejemplos más notables es el caso de Turok: Son of Stone (Turok: el guerrero de piedra). Este cómic norteamericano, nacido en 1954, relata las aventuras de dos indios precolombinos de lengua sioux en un valle perdido habitado por dinosaurios y otras bestias de nuestro pasado remoto. En al menos dos portadas de Turok aparecen reconstrucciones de tiranosaurios copiadas de una propuesta de Burian de 1955, en la que un enorme Gorgosaurus se acerca a un Scolosaurus. Aunque, en mis tiempos (Pleistoceno o por ahí), a estas copias se les llamaba “homenajes”.

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Reconstrucción de Gorgosaurus y Scolosaurus realizada por Burian en 1955.

 

 

 

 

 

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Portada del comic Turok, del 1 de marzo de 1959.

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Portada del comic Turok, del 1 de noviembre de 1966.

 

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¿Utilizaban los dinosaurios relojes de pulsera?

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Reconstrucción de Stenonychosaurus (Troodon) y del dinosauroide. Actualmente sabemos que el troodóntido debería estar cubierto de plumas… ¿quizás vestigiales en el dinosauroide? Cortesía de Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC, Madrid)

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

En un post anterior comentábamos las ideas actuales sobre la posible predicción del curso de la evolución de los seres vivos. Hablábamos de la hipótesis de contingencia, que niega cualquier posibilidad en este sentido. En la “otra orilla” la propuesta de convergencia admite que, en términos generales, puede predecirse el curso de la evolución. Una de las adhesiones más originales a la hipótesis de convergencia se produjo en 1982, cuando D. Russell y R. Séguin sugirieron la idea del “dinosauroide” (“dinosauroid”). Este concepto no es una hipótesis científica, puesto que no puede ser refutada. El propio Russell admitía la idea del dinosauroide como una especie de juego científico especulativo.
Russell argumentaba  que el dinosaurio terópodo Stenonychosaurus (ahora Troodon) posee  un gran desarrollo cerebral con relación al de otros dinosaurios terópodos, comparable al de las aves. Esta evidencia empírica empezamos a comprenderla mejor desde mediados de los años 1980, con la hipótesis del clado Maniraptora, que incluye a las aves y a otros parientes cercanos no avianos. Además, Russel añadía que Troodon tenía capacidades elevadas de manipulación de objetos y visión binocular. Todo ello sugeriría que, si la gran extinción finicretácica no se hubiera producido, los troodóntidos podrían haber producido, en unas decenas de millones de años de evolución, un bípedo erguido inteligente al que llamó dinosauroide.

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El dinosauroide de Russell y Séguin (1982). Cortesía de Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC, Madrid).

Diversos paleontólogos han criticado al dinosauroide por ser “demasiado antropomorfizado”. Pero, en realidad, esta es la idea principal de Russell y Séguin. La forma humanoide debe ser convergente  para cualquier vertebrado inteligente no acuático. El dinosauroide representa la mejor solución, en este caso dentro del linaje evolutivo de los dinosaurios, para los problemas físicos y fisiológicos impuestos a un organismo dotado de un cerebro hipertrofiado en un ambiente terrestre. La morfología general humana representa un objetivo que es “buscado y repetido” por la selección natural. Esta idea ha sido bien entendida en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, en donde un elegante reloj de pulsera adorna a una réplica del dinosauroide. Os animo a visitarla…y, de paso, disfrutar en su gran sala de dinosaurios, claro.

Referencias:
Russell, D. A. and Séguin, R. (1982). “Reconstruction of the small Cretaceous theropod Stenonychosaurus inequalis and a hypothetical dinosauroid.” Syllogeus, 37, 1-43.
Sanz, J. L. (2002). Starring T. rex!. Dinosaur mythology and popular culture. Bloomington: Indiana University Press.

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