Pero ¿de verdad se drogaban los dinosaurios con LSD?

WBImgJavi Godoy

Ilustración cedida por Javi Godoy.

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED. @frco_ortega.

Las dos últimas semanas ha corrido por los titulares de prensa de todo el mundo –y (cómo no) en las redes sociales– la noticia de que, según una investigación, los dinosaurios podrían haberse dedicado a la ingesta de psicotrópicos. La primera sorpresa que uno se lleva al intentar indagar algo más sobre el tema es que (al menos en el momento de redactar estas líneas) el artículo aún no está publicado formalmente en la revista Palaeodiversity.

WBPalaeoclaviceps

Detalle del resto de gramínea parasitada por el cornezulelo incluido en ámbar del Cretácico. © Universidad Estatal de Oregón

El origen de todo esté barullo está, por lo tanto, basado exclusivamente en una nota de prensa de la Universidad Estatal de Oregón en la que se anuncia la publicación del hallazgo de un hongo semejante al actual cornezuelo en una pieza de ámbar de Myambar (la antigua Birmania) de hace unos 100 millones de años. Efectivamente, aunque de forma un tanto ambigua, los autores juegan con la idea del enlace entre el ámbar fósil, las primeras gramíneas, los dinosaurios y los hongos usados para producir LSD.
Uno de los autores del artículo es George Poinar, un conocido especialista en ámbar fósil y célebre por sus propuestas de hallazgo de ADN en insectos mesozoicos incluidos en ámbar que, lamentablemente no fueron refrendadas por trabajos posteriores. Ante la indisponibilidad del artículo, decido pedírselo a Poinar directamente y me llega en muy pocas horas. Sus conclusiones son claras: los autores reconocen la presencia más antigua de un hongo cercano al actual cornezuelo del centeno; documentan la primera aparición de un tipo de gramínea en el registro fósil y pueden confirmar la evidencia más antigua de la relación de parasitismo de este tipo de hongos sobre gramíneas.

Impresionante ¿no? Pues parece que no lo suficiente, dado que ha sido necesario darle una vuelta de tuerca más.

El cornezuelo es conocido por su potente acción tóxica. Ha sido utilizado en la farmacopea tradicional por sus muchos efectos y se reconoce su capacidad alucinógena. Los alimentos elaborados con gramíneas que contienen cornezuelo tradicionalmente han producido –tanto en los humanos como en el ganado– una intoxicación conocida como ergotismo o fiebre de San Antonio. Los afectados por ergotismo sufren alucinaciones, necrosis derivadas de la capacidad vasoconstrictora de algunos alcaloides y pueden llegar a morir.

Por otra parte, desde principios del siglo XX los alcaloides del cornezuelo sirvieron de base para la síntesis de la dietilamida de ácido lisérgico, el conocido LSD.
¿Y que tiene todo esto que ver con los dinosaurios?: NADA.

No se sabe nada sobre la abundancia de gramíneas hace 100 millones de años (no serán abundantes hasta mucho después), ni de la frecuencia con la que estaban parasitadas por paleocornezuelos. Nadie sabe si los dinosaurios herbívoros de esa época se alimentaban de este tipo de plantas y, por lo tanto, nadie sabe si era posible que se produjese una intoxicación accidental (una fiebre de San Antonio dinosauriana). Nadie sabe tampoco si los paleocornezuelos producirían el mismo tipo de alcaloides que los cornezuelos actuales y, mucho menos, el efecto que estos pudieron tener en el sistema nervioso de los dinosaurios. En resumen, seguro que nadie sabe qué necesidad había de generar una especulación de estas características, excepto que se persiguiese conseguir el efecto que se ha conseguido: la enorme presencia en medios de comunicación de un concepto (al menos) equívoco basado en un artículo que (casi) nadie ha leído.

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


ocho − = 7