Archivo por meses: febrero 2015

Dinosaurios extraterrestres en la España de Franco

WBFig 1

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

La capacidad predictiva (predictibilidad) de una ciencia es una de sus propiedades más importantes para evaluar su fiabilidad. En biología evolutiva la capacidad predictiva se puede referir a preguntas directas, aunque con respuestas  de naturaleza muy compleja. Podrían ser cuestiones del tipo: ¿Conocemos las razones por las que se puede explicar la aparición de los percebes? O bien ¿podríamos predecir la aparición de los tiburones, hace unos 400 millones de años? Existen dos opiniones contrarias para responder a este tipo de preguntas. La primera es un NO rotundo, y procede de biólogos evolucionistas tan reconocidos como Steven J. Gould. El famoso paleontólogo norteamericano argumentaba que la historia de la vida es contingente. La contingencia se refiere a un fenómeno que puede existir o no. El curso de la evolución puede tomar “caminos” muy diferentes que impiden una predicción del resultado final.

WBFig 2Gould describía esta imposibilidad con un ejemplo que se ha hecho muy popular, “la cinta de la vida”. Imaginemos que podemos “rebobinar” dicha cinta y volverla a tocar. Las melodías resultantes no serán las mismas. Frente a la contingencia gouldiana aparece la hipótesis de convergencia. Este fenómeno (por ejemplo las semejanzas entre un delfín, un tiburón y un ictiosaurio) no procede de un parentesco cercano, sino de la adaptación a un modo de vida comparable. La convergencia es tan frecuente en la historia de la vida que determinados biólogos evolucionistas, como el británico Simon Conway Morris, afirman que la aparición de los cetáceos es predecible, e incluso la aparición del hombre inevitable.

WBFig 3¿Podrían existir dinosaurios en otro planeta?
La ciencia ficción lo tiene muy claro, y su respuesta ha sido repetidamente afirmativa en la novela, el cine, la televisión y el cómic.
Una de mis motivaciones más claras como dinomaníaco sucedió a mediados de los años 1950 cuando el magnífico dibujante español Guillermo Sánchez Boix (conocido como Boixcar, 1917-1960) fundó la serie de historietas El Mundo Futuro. En la creativa galaxia boixcariana existen abundantes ejemplos de mundos habitados por astrodinosaurios.

WBFig 4Dinosaurios en otro planeta, ¿podrían existir?
El problema es muy parecido al de los percebes, aunque incluso más complejo, si cabe, ya que ni siquiera tenemos idea de que haya materia viva fuera de la Tierra. En cualquier caso, si es que realmente existen otros mundos en los que han aparecido organismos vivos, es de esperar, por un lado, que dicha biota experimente un proceso evolutivo. Pero, por otro, si la contingencia es una hipótesis válida, parece improbable que tocar otra “cinta de la vida” produzca resultados comparables en diferentes mundos. Aunque, por supuesto, para disfrutar de los astrodinosaurios de Boixcar, o de muchos otros, no hace falta comerse tanto el coco.

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Pero ¿de verdad se drogaban los dinosaurios con LSD?

WBImgJavi Godoy

Ilustración cedida por Javi Godoy.

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED. @frco_ortega.

Las dos últimas semanas ha corrido por los titulares de prensa de todo el mundo –y (cómo no) en las redes sociales– la noticia de que, según una investigación, los dinosaurios podrían haberse dedicado a la ingesta de psicotrópicos. La primera sorpresa que uno se lleva al intentar indagar algo más sobre el tema es que (al menos en el momento de redactar estas líneas) el artículo aún no está publicado formalmente en la revista Palaeodiversity.

WBPalaeoclaviceps

Detalle del resto de gramínea parasitada por el cornezulelo incluido en ámbar del Cretácico. © Universidad Estatal de Oregón

El origen de todo esté barullo está, por lo tanto, basado exclusivamente en una nota de prensa de la Universidad Estatal de Oregón en la que se anuncia la publicación del hallazgo de un hongo semejante al actual cornezuelo en una pieza de ámbar de Myambar (la antigua Birmania) de hace unos 100 millones de años. Efectivamente, aunque de forma un tanto ambigua, los autores juegan con la idea del enlace entre el ámbar fósil, las primeras gramíneas, los dinosaurios y los hongos usados para producir LSD.
Uno de los autores del artículo es George Poinar, un conocido especialista en ámbar fósil y célebre por sus propuestas de hallazgo de ADN en insectos mesozoicos incluidos en ámbar que, lamentablemente no fueron refrendadas por trabajos posteriores. Ante la indisponibilidad del artículo, decido pedírselo a Poinar directamente y me llega en muy pocas horas. Sus conclusiones son claras: los autores reconocen la presencia más antigua de un hongo cercano al actual cornezuelo del centeno; documentan la primera aparición de un tipo de gramínea en el registro fósil y pueden confirmar la evidencia más antigua de la relación de parasitismo de este tipo de hongos sobre gramíneas.

Impresionante ¿no? Pues parece que no lo suficiente, dado que ha sido necesario darle una vuelta de tuerca más.

El cornezuelo es conocido por su potente acción tóxica. Ha sido utilizado en la farmacopea tradicional por sus muchos efectos y se reconoce su capacidad alucinógena. Los alimentos elaborados con gramíneas que contienen cornezuelo tradicionalmente han producido –tanto en los humanos como en el ganado– una intoxicación conocida como ergotismo o fiebre de San Antonio. Los afectados por ergotismo sufren alucinaciones, necrosis derivadas de la capacidad vasoconstrictora de algunos alcaloides y pueden llegar a morir.

Por otra parte, desde principios del siglo XX los alcaloides del cornezuelo sirvieron de base para la síntesis de la dietilamida de ácido lisérgico, el conocido LSD.
¿Y que tiene todo esto que ver con los dinosaurios?: NADA.

No se sabe nada sobre la abundancia de gramíneas hace 100 millones de años (no serán abundantes hasta mucho después), ni de la frecuencia con la que estaban parasitadas por paleocornezuelos. Nadie sabe si los dinosaurios herbívoros de esa época se alimentaban de este tipo de plantas y, por lo tanto, nadie sabe si era posible que se produjese una intoxicación accidental (una fiebre de San Antonio dinosauriana). Nadie sabe tampoco si los paleocornezuelos producirían el mismo tipo de alcaloides que los cornezuelos actuales y, mucho menos, el efecto que estos pudieron tener en el sistema nervioso de los dinosaurios. En resumen, seguro que nadie sabe qué necesidad había de generar una especulación de estas características, excepto que se persiguiese conseguir el efecto que se ha conseguido: la enorme presencia en medios de comunicación de un concepto (al menos) equívoco basado en un artículo que (casi) nadie ha leído.

 

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Mi amigo Pepito, el del Barremiense, y los “Hopeful Monsters”

WBConcavenator Pepito 1

Reconstrucción del aspecto en vida de Concavenator, exhibido en Fitur, 2015. Maqueta a escala real de Javier Hernández.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM.

Concavenator corcovatus (“cazador jorobado de Cuenca”) es un dinosaurio terópodo del grupo de los carcarodontosaurios. Vivió durante el Barremiense (Cretácico), hace unos 125 millones de años, en lo que hoy día es la Serranía de Cuenca. Sus restos, un esqueleto articulado casi completo, han sido hallados en el yacimiento de Las Hoyas. Se trata de un dinosaurio carnívoro de talla media, de unos 6 m de longitud y unos 500 kg de peso. Su apodo es “Pepito”, un sobrenombre que forma parte de una historia que algún día contaremos (bueno, ya veremos). Dos rasgos de este terópodo han llamado mucho la atención del abanico diverso de dinomaníacos, que van desde sesudos paleontólogos profesionales hasta niños entusiasmados por los llamados “Señores del Mesozoico”.

WBConcavenator Pepito 2

La niña Noah Ramos, delante del resumen en cómic de su cuento sobre Concavenator

Pepito tiene una gran joroba cuya función desconocemos. Una de las interpretaciones más originales de esta estructura ha sido propuesta por la niña Noah Ramos, del colegio Campo del Sur, Cádiz. Noah describe en un precioso cuento un Concavenator (Pepito) que nace de un huevo con una joroba ausente en sus padres. Sus progenitores se extrañan, claro, pero finalmente parece que lo admiten con naturalidad. Desde el punto de vista de la Biología Evolutiva, la súbita aparición de una estructura como la joroba de Pepito pertenece a un proceso sugerido por el genetista norteamericano, de origen alemán, Richard B. Goldschmidt (1878 – 1958). Este científico propuso que los grandes saltos evolutivos no se producían por la suma de pequeñas variaciones (micromutaciones) en mucho tiempo, sino mediante macromutaciones generadas  muy rápidamente. Estas mutaciones producían lo que se conoce como “Hopeful Monsters” (monstruos prometedores) que eventualmente podrían producir nuevas especies de organismos vivos. Aunque inicialmente “vapuleada” por la Genética oficial del siglo XX, esta hipótesis ha sido recientemente “revisitada” por la ciencia actual conocida como Evo-Devo (Biología Evolutiva del Desarrollo).

Nos gustaría mucho que Noah se convirtiera en el futuro en una gran paleontóloga de dinosaurios, y pudiera contrastar su hipótesis. Mientras tanto, podemos disfrutar con su cuento:

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