Archivo por meses: Noviembre 2014

Un dinosaurio erróneo canta con Mary Poppins

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Mary Poppins canta en Londres con un petirrojo norteamericano. Composición fotográfica tomada de Because Birds! (3.12.2013).

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Petirrojo norteamericano. (CC 3.0) Kristof vt

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Petirrojo europeo. (CC 3.0) PierreSelim.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM

La biogeografía es la ciencia que estudia la distribución de los seres vivos en nuestro planeta y las causas que explican esta distribución. Entre las razones históricas que condicionan las áreas habitadas por un organismo determinado podemos considerar factores macroevolutivos importantes, como los cambios climáticos, la tectónica global (teoría de placas) o los procesos de extinción. La biogeografía dinosauriana ha sido tradicionalmente una de las áreas de conocimiento más problemáticas dentro del estudio de los dinosaurios.

Se ha considerado habitualmente que los primeros dinosaurios (periodo Triásico) que habitaron Pangea estaban repartidos de forma más o menos homogénea por el gran supercontinente. La hipótesis actual es opuesta: las diferentes asociaciones dinosaurianas triásicas se parecían unas a otras a partir de su posición geográfica desde el ecuador. Es decir, la latitud (y por lo tanto el clima) era un rasgo importante para explicar la distribución de los dinosaurios cuando comenzaron a dominar los ecosistemas terrestres mesozoicos. A pesar de que Pangea había comenzado a fracturarse en placas litosféricas desde el Jurásico Inferior, las faunas dinosaurianas del Jurásico Superior- Cretácico Inferior son, en términos generales, sorprendentemente cosmopolitas. Esta relativa homogeneidad acaba durante el Cretácico Superior, con una diferenciación norte/sur de las asociaciones de dinosaurios. Por ejemplo, en el sur (territorios gondwánicos) los grandes fitófagos terrestres fueron los saurópodos titanosaurios. En el norte (territorios laurásicos) estos nichos estaban dominados por los dinosaurios de pico de pato.

En definitiva, la distribución biogeográfica de los dinosaurios, o cualquier otro ser vivo, está determinada por factores ecológicos e históricos. Por supuesto, esta consideración es también válida para los patrones actuales de distribución de los dinosaurios contemporáneos, las aves. Por eso resulta tan sorprendente un error biogeográfico en la película de Walt Disney “Mary Poppins”  (1964). En una famosa secuencia la institutriz mágica canta una canción ayudada por un petirrojo:

La historia transcurre en Londres, y los cineastas se despistaron. Colocaron un petirrojo americano en donde debían mostrar uno europeo. Se trata de diferentes especies de familias distintas (el norteamericano es un tordo y el europeo un papamoscas), aunque ambos pájaros comparten algunas semejanzas culturales. Pero eso es otra historia…

 

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Gigantes bíblicos y dinosaurios ibéricos

Antediluvian giants

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED.

Vivimos uno de los mejores momentos de la dinosauriología Ibérica. Tras décadas de abandono, en los últimos años las excavaciones, las publicaciones y las nuevas especies se suceden con fluidez tanto en Portugal como en España, pero… nos faltan algunos toques de brillante tradición.

En el libro Cazadores de Dragones (no lo busquen, está descatalogado y no lo van a encontrar) mi compañero de blog, José Luis Sanz, defendió la existencia de varios periodos en la historia de la dinosauriología. En el ámbito español los hay más o menos brillantes (ya hablaremos de ello en otro momento), pero hoy me gustaría dedicar una referencia al primero de todos, al que Sanz denomina “Periodo Arcaico”. Si bien las disquisiciones sobre la naturaleza de los fósiles de dinosaurios en este periodo conducen a interpretaciones de todo tipo y muchas de ellas resultan chocantes si las sacamos de contexto, en conjunto confieren a la historia de la dinosauriología un aura de disciplina tradicional manejada por naturalistas que, utilizando el paradigma disponible, se esfuerzan por dar explicación escrita a los hallazgos de estos grandes fósiles.

Esta época se remonta tanto en el tiempo que sus elementos casi adquieren la estructura de la leyenda, y algunos de ellos entran en el terreno de la especulación. Atendiendo a la propuesta de Sanz, el periodo arcaico de la dinosauriología se inicia en 1677, cuando el naturalista británico Robert Plot cita un fósil de dinosaurio atribuyéndoselo a un gigante bíblico, y finaliza en 1824, cuando Willian Buckland publica el primer estudio de un dinosaurio.

Scrotum_humanumPlot atribuyó el primer resto de dinosaurio a uno de los gigantes que aparecen citados en la Biblia. El razonamiento parecía sencillo, era un hueso gigante y no parecía corresponder al de un elefante, por lo que no quedaban muchas más posibilidades (antes de sonreír de forma condescendiente aconsejo al lector que confirme que hoy, 250 años después, internet está aún llena de falsas excavaciones de gigantes). Como curiosidad, en 1763 Richard Brookes interpretó ese mismo fósil de Plot a un Scrotum humanum. La atribución de fósiles de mamíferos a humanos gigantes es relativamente común en la historia temprana de la paleontología, pero no lo es tanto la atribución de restos a dinosaurios.

Lamentablemente, hasta hace relativamente poco, en la historia de la dinosauriología española el periodo arcaico era un erial. Nada de lo publicado hasta mediados del siglo XIX podía ser remotamente relacionado con un dinosaurio (ni siquiera a posteriori y sin pruebas directas del material citado). Es solo en 1872 cuando Juan Villanova reconoce oficialmente y por escrito la presencia de restos de dinosaurios en España.

Fenix troyanaPero a cambio en la tradición ibérica tenemos una relativamente rica tradición gigantológica (recuérdese la Gigantologia spagnola vendicata publicada en 1760 por José Torrubia, el franciscano autor del que se considera el primer tratado de paleontología español). Hace unos años, preparando un artículo con el paleontólogo Jose Miguel Gasulla nos topamos con La Fenix Troyana, un texto de Vicente Mares publicado en 1681, en la que se afirmaba que “es muy verosímil que Adán y Eva estuviesen en España y en los montes de Chelva” (Valencia). Mares cree reconocer en su libro la presencia de huesos de los “primeros padres” gigantescos en Chelva hacia 1669 y en Alpuente (Valencia) en 1671.

Teniendo en cuenta que el contexto geológico en el que se realizan estos hallazgos es rico en restos de dinosaurios del Jurásico (la localidad tipo de Turiasaurus, el dinosaurio más grande de Europa se encuentra a unos pocos kilómetros ya dentro de la provincia de Teruel), no parece arriesgado considerar que los restos de gigantes citados por Vicente Mares constituyeran la primera referencia indirecta a restos de dinosaurios en España.

Aunque los datos bibliográficos son reales y la historia parece verosímil, hay que advertir que todo queda en el apartado de la mera especulación, dado que no se ha conservado ninguno de los huesos a los que se refiere el texto de Vicente Mares. Ahí los británicos nos volvieron a ganar y, al menos figuraron los restos referidos por Plot. Conformémonos entonces con una especulación como contribución al periodo legendario de la dinosauriología ibérica.

 

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Dinosaurios en las calles. Breve histórico de la dinomanía (2)

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Actor con disfraz de dinosaurio que interactúa con el público en calles y plazas. Puerto de Sydney, Australia.

Por José Luis Sanz. Catedrático de Paleontología de la UAM

3. “Second Dinosaur Rush”
La segunda fiebre de los dinosaurios se establece a partir de las primeras décadas de 1900. Está protagonizada por grandes museos norteamericanos, especialmente el American Museum de Nueva York y el Carnegie Museum de Pittsburgh. Los esqueletos de los dinosaurios son presentados de forma inteligente y atractiva, y se añaden reconstrucciones de su posible aspecto en vida. De esta forma se consigue una atracción popular a los museos de historia natural como nunca antes se había logrado.

Durante esta época aparece en el imaginario popular de los dinosaurios la figura del saurópodo, que para muchas personas constituye una imagen arquetípica de los dinosaurios. También se potencia la imagen de terópodos como Allosaurus y Tyrannosaurus. Las representaciones museísticas de estos dos géneros consagran a los dinosaurios como fieros animales, símbolos del salvajismo de la naturaleza prehistórica. Curiosamente esta concepción de los dinosaurios como seres feroces y agresivos se mantiene vigente en la cultura popular de nuestros días.

Por otra parte, la idea ucrónica de la convivencia entre dinosaurios y seres humanos parece proceder también de esta época. Probablemente aparece en la literatura, y se instala en el cine mudo de Hollywood. El género se conoce con el nombre de cine prehistórico, que alcanzó una cierta notoriedad en los años 60. La ucronía hombres-dinosaurios, siempre combatida por los paleontólogos, está escasamente representada en los medios de comunicación actuales.

4. La Guerra Fría
Los primeros trabajos sobre las causas de extinción de los dinosaurios proceden del siglo XIX, pero la popularidad del concepto de considerar socioculturalmente a los dinosaurios como un paradigma de la extinción de los seres vivos, se instala claramente en la cultura popular durante la Guerra Fría. Actualmente sigue siendo una idea era ampliamente difundida, especialmente en su relación con la caída de un objeto extraterrestre.

A partir de la década de 1980 existe un gran incremento en el desarrollo de la representación gráfica de los dinosaurios relativa a la reconstrucción de su aspecto en vida. Actualmente esta actividad se incluye en el llamado “paleoarte”. En esta tendencia se potencia de manera evidente la relación entre dragones y dinosaurios, una propuesta ampliamente extendida en la cultura popular de nuestros días.

WBDinomanía 35. La llegada de Spielberg y más allá
La película Parque Jurásico (1993) marca un hito importante en la aceptación popular de la idea de que las aves son los dinosaurios actuales. Este concepto implica que los dinosaurios no se extinguieron completamente y habitan entre nosotros. La existencia de dinosaurios con plumas, fuera del clado Aves, ha sido mal aceptada por sectores dinomaníacos conservadores, que, por ejemplo, consideran de aspecto ridículo a un tiranosaurio emplumado.

En el imaginario popular actual los dinosaurios no son inevitablemente monstruos, sino simplemente un tipo de animal que no existe en la naturaleza contemporánea. La “extinción” de la interpretación popular de los dinosaurios como monstruos, surgida en las últimas décadas, ha propiciado un fenómeno reciente. Se trata de la idea de considerar a los dinosaurios como animales de compañía, mascotas. Esta propuesta ha sido potenciada por diversas películas de dibujos animados en las que los protagonistas son crías de dinosaurios.

Otra idea que se abre paso en la cultura popular de nuestros días es que la extinción de los dinosaurios permitió la radiación de los mamíferos  y, en última estancia, la aparición de los seres humanos. Por último, parece muy evidente que la imagen dinosauriana se ha extendido notablemente en los últimos años. Por una parte, obviamente, a través de internet. Pero también en fenómenos más cercanos del entorno físico de la humanidad, como una avalancha de “dinomorfos” (juguetes, bollería, moda, objetos manufacturados, etc) e incluso “espectáculos de barrio o feria”.

WBDinomanía 2

Merchandising producido sobre el terópodo carcarodontosaurio Concavenator. Exposición “Miracle Dinosaurs from Spain”. Fukui Dinosaur Prefectural Museum, Japón.

Texto y fotos tomados de:
Sanz, J. L. (2014). Nuevas claves en el análisis sociocultural de los dinosaurios. En: Royo-Torres, R., Verdú, F. J. y Alcalá, L. coord. Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología. ¡Fundamental! 24: 19-21

 

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