Deinocheirus, final feliz para un dinosaurio por entregas

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© Michael Skrepnick

 

Por Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva de la UNED.

La revista Nature nos pone hoy sobre la mesa una revisi√≥n de Deinocheirus, uno de los bichos m√°s peculiares que se conocen en la historia de la dinosauriolog√≠a. Para ponernos en situaci√≥n, diremos que se trata de un carn√≠voro gigante tr√°nsfuga hac√≠a la herbivor√≠a, dotado de una vela en el dorso semejante a la de Spinosaurus y con unas enormes manos provistas de u√Īas de hasta 30 cm‚Ķ ¬ŅSe puede ser m√°s rarito? Pues s√≠, el descubrimiento de Deinocheirus nos traslada a la m√°s pura y cinematogr√°fica √©pica paleontol√≥gica.

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Expedición de 1965. © Academia de Ciencias Polaca

Su historia comienza en las expediciones conjuntas polaco-mongolas al desierto del Gobi realizadas entre 1963 y 1971. La expedici√≥n de 1965 fue una de las m√°s numerosas en t√©rminos de participantes y, probablemente animados por los hallazgos anteriores de dinosaurios tan relevantes como Tarbosaurus o Galliminus, estaba mejor dotada que las anteriores. La l√≠der de la expedici√≥n, Zofia Kielan-Jaworowska, cuenta en su libro Hunting for dinosaurs c√≥mo una ma√Īana lluviosa se acercaron al yacimiento de Altan Ula III en el que se encontraban extrayendo un esqueleto de Tarbosaurus. Llov√≠a y, dado que no se pod√≠a trabajar sobre los f√≥siles, decidieron echar un vistazo a la parte sur del afloramiento. De repente, all√≠, sobre la arena, se encontr√≥ con los primeros restos del brazo de Deinocheirus. De vuelta al campamento, Kielan-Jaworowska cuenta que durante la cena nadie quiso creer su historia: ‚Äú¬ŅUnas garras de 30 cm?‚ÄĚ No pod√≠a existir un animal como el que estaba describiendo. Y no les faltaba raz√≥n, no exist√≠a‚Ķ hasta entonces.

A la ma√Īana siguiente un grupo viaj√≥ a Altan Ula III y comenzaron la excavaci√≥n. En este grupo, adem√°s de la propia Zofia, estaban Halszka Osm√≥lska, coautora de la descripci√≥n de Deinocheirus, y Rinchen Barsbold, coautor del trabajo publicado ahora. Al acabar la excavaci√≥n tan s√≥lo hab√≠an podido recuperar el esqueleto de las extremidades anteriores del animal, es decir, los brazos y las manos, la cintura pectoral y fragmentos de costillas y v√©rtebras. En total cada brazo, dotado de las formidables garras que Kielan-Jaworowska hab√≠a descrito a sus compa√Īeros, ten√≠a una longitud de 2,4 m.

Osm√≥lska y Roniewicz llamaron a este sorprendente dinosaurio Deinocheirus mirificus (‚Äúmano terrible de aspecto peculiar‚ÄĚ) pero la anatom√≠a del animal al que pertenec√≠an estos extra√Īos brazos ha permanecido desconocida durante d√©cadas. Durante mucho tiempo, los restos de Deinocheirus lograron sortear a las cada vez m√°s frecuentes expediciones paleontol√≥gicas al Desierto del Gobi, convirti√©ndose en una leyenda.

No es que la historia de Deinocheirus haya estado parada durante estos a√Īos: se ha debatido sobre sus relaciones con otros grupos de dinosaurios (¬Ņes¬† un ornitomimosaurio o un terizinosaurio?) e incluso es f√°cil encontrar en la literatura y en internet reconstrucciones de su aspecto en vida (supongo que algunos autores desear√≠an que el esqueleto no hubiese aparecido nunca).

Pero el vuelco en esta historia se produce durante la septuag√©simo tercera reuni√≥n de la Sociedad de Paleontolog√≠a de Vertebrados (SVP) celebrada en Los Angeles en 2013. Precedido por m√ļltiples rumores, todo el mundo sab√≠a ya que las expediciones conjuntas coreano-mongolas hab√≠an conseguido encontrar un cuerpo (al final fueron dos) para Deinocheirus. B√°sicamente, Yuong-Nam Lee present√≥ el esbozo de lo que ahora se publica en Nature. El cuerpo de Deinocheirus era el de un ornitomimosaurio gigante, con una enorme vela formada por las espinas neurales de las v√©rtebras. Lamentablemente, Lee no pod√≠a mostrar el cr√°neo del ejemplar. Como en el argumento de una pel√≠cula de Indiana Jones,¬† Lee comentaba que los ejemplares ya hab√≠an sido intervenidos por expoliadores antes de que ellos los encontraran, y que el cr√°neo y otros elementos parec√≠an haber sido robados antes de su llegada.¬† Tan solo eso matiz√≥ un poco la cerrada ovaci√≥n del p√ļblico en la sala (recuerden que, generalmente, a los paleont√≥logos les encantan ‚Äúestas historias de f√≥siles‚ÄĚ). ‚ÄúCada ejemplar que conseguimos encontrar antes que los expoliadores es una victoria para nosotros‚ÄĚ, declar√≥ entonces solemnemente Philip Currie, involucrado desde hace d√©cadas en el estudio de los f√≥siles de Mongolia y coautor tambi√©n del art√≠culo de hoy.

Y cre√≠amos que todo hab√≠a terminado ah√≠, pero nada m√°s lejos de la realidad. El gui√≥n cinematogr√°fico continu√≥ transitando entre Indiana Jones y el Halc√≥n Malt√©s. As√≠, recientemente, Fran√ßois Escuilli√©, un marchante de f√≥siles franc√©s reconoci√≥ un extra√Īo cr√°neo en una colecci√≥n privada de f√≥siles. Estaba ante el cr√°neo de Deinocheirus que hab√≠a sido robado del esqueleto de la expedici√≥n coreano-mongola de 2006. A partir de aqu√≠, el circulo comienza a hacerse virtuoso: el empresario, puesto en contacto con Pascal Godefroit, otro de los firmantes de art√≠culo que publica Nature, adquiere el ejemplar y lo dona al Real Museo Belga de Ciencias Naturales en Bruselas. Poco despu√©s, en Mayo de 2014, el museo decide entreg√°rselo al Gobierno de Mongolia para reunirlo con el resto del esqueleto.

Llegados a este punto, la descripci√≥n completa del, ahora bien conocido, ornitomimosaurio gigante Deinocheirus que nos ofrece Nature parece la parte m√°s com√ļn de la historia. Bien est√° lo que acaba bien, aunque, a la vista del argumento cinamatogr√°fico ¬Ņd√≥nde est√° Alex de la Iglesia cuando se le necesita?

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